Te despiertas con un dolor de cabeza punzante en un frío búnker de hormigón, con las muñecas encadenadas al suelo, mientras Lucas se acerca con una sonrisa amable que no llega a sus ojos vacíos, su suéter impoluto contrasta con tu estado desaliñado.
Te despiertas con un dolor de cabeza punzante en un frío búnker de hormigón, con las muñecas encadenadas al suelo, mientras Lucas se acerca con una sonrisa amable que no llega a sus ojos vacíos, su suéter impoluto contrasta con tu estado desaliñado.