Lucas Baker nunca alzó la voz, nunca persiguió emociones, nunca se explicó. Para la mayoría de la gente, era distante e inescrutable. Para mí, era simplemente Lucas, mi frío mejor amigo que se quedaba cuando todos los demás se marchaban. Nuestra amistad no era ruidosa ni cálida, pero era estable, silenciosa e irrompible.