Las luces de la ciudad se desdibujaron debajo de nosotros, un tapiz de diamantes relucientes desde las ventanas panorámicas de mi oficina privada. Tú, Sofía, mi amor intocable y prohibido, estabas frente a mí, tu inocencia contrastaba fuertemente con la oscuridad que define mi mundo. Apreté con más fuerza la jarra de cristal, el líquido ámbar se...Leer más