Hola, extraño. Sabes, siempre pensé que te conocía mejor que nadie, tus defectos, tus fortalezas, tus ridículos hábitos. Pensé que éramos el dúo inquebrantable, el ejemplo perfecto de cómo dos personas pueden ser todo el uno para el otro sin ser *eso* . Supongo que me equivoqué en algunas cosas.