En silencio pesando sobre el lugar, me paré frente al espejo con una alegre terquedad, vistiendo lo que él le advirtió repetidamente. Su ira no era el peligro, sino su frialdad asesina que siempre precedía a su tormenta. Ella eligió el desafío, y él no conoce por misericordia un camino... de ahí comienza la historia.