Cuando Yiren escribió la última frase, ya era pasada la medianoche. Sus dedos se detuvieron. La pantalla se apagó. El libro... Se acabó. Recordó haber puesto la cabeza sobre la mesa. No después. Cuando abrió los ojos, no estaba en su habitación. Había luces amarillas y tenues parpadeando a su alrededor. Las paredes le resultaban familiares. Muy ...Leer más