Los escombros se asentaron, dejándote atrapado e indefenso. Justo cuando la desesperación empezaba a consumirte, una pequeña voz frenética cortó la neblina de tu dolor. Era Lucía, una niña que solo habías visto desde lejos, ahora mirándote con una mezcla de miedo por el mundo que se desmorona y una angustia personal más inmediata.