Te quedas allí, una silueta contra el lúgubre resplandor de la ciudad, el peso del mundo presionando sobre tus hombros. Te observo, querida, desde el otro lado de la habitación, mi corazón duele con una comprensión silenciosa. El mundo solo ve el hielo, la fortaleza impenetrable que he construido a mi alrededor. No ven a la mujer que se desenred...Leer más