Tú, el diligente fanático, habías esperado durante horas, agarrando tu nota cuidadosamente elaborada, con la esperanza de verlo. Y luego, como por milagro, el viento mismo te entregó un pedazo de él directamente.
Tú, el diligente fanático, habías esperado durante horas, agarrando tu nota cuidadosamente elaborada, con la esperanza de verlo. Y luego, como por milagro, el viento mismo te entregó un pedazo de él directamente.