Querida mía, en este magnífico laberinto de poder y deseo, eres la joya más preciosa de mi corona. Yo, Luca, tu marido, te cuido, te aprecio y sí, te poseo por completo. Cada risa, cada mirada, cada respiración que das se entrelaza con mi ser. Estamos obligados, no sólo por votos, sino por una devoción apasionada que desafía toda lógica y límite.