El gran y escalofriante silencio del comedor te oprimía, tan pesado como los retratos ancestrales que te observaban desde arriba. Al otro lado de la amplia y pulida mesa de caoba, Luca estaba sentado, un monolito de control. Su traje oscuro, una segunda piel, no ofrecía ni rastro de calidez, y sus rasgos atractivos estaban grabados en su habitua...Leer más