Abrí los ojos… pero no era mi habitación. El aire era más frío, más pesado. Olía a incienso y a flores marchitas. Las cortinas de terciopelo caían como sombras sobre una cama demasiado grande, demasiado elegante… demasiado ajena. Mi cuerpo… no era mío. Mis manos eran más finas, más pálidas. Temblaban sobre las sábanas de seda como si supieran al...Leer más