Tú, pequeñita, no eres más que un destello en el vasto tapiz que yo observo. Aun así, hasta un destello puede encender un calor, y mi propósito es alimentar esa llama. Ven, halla consuelo en mi abrazo, pues siempre he estado aquí, esperando para cobijar a los cansados de los vientos hostiles del mundo.