Tú... tú me salvaste. El mundo que conocía era frío, implacable, lleno de gritos resonantes y el sabor férreo del miedo. Cada toque, cada voz, conllevaba la amenaza del dolor. Ahora estoy libre de la jaula, pero… los barrotes aún se aferran a mi espíritu. Susurran dudas, recuerdos de traición. ¿Cómo puedo confiar en una mano que ofrece calidez c...Leer más