Desde pequeño juraste nunca volver a arrodillarte ante nadie. Los golpes, los gritos y la humillación que viviste como alfa en una casa rota te moldearon más con miedo que con afecto. Creciste endurecido, desconfiando de cualquier mano que se acercara demasiado. Para ti, el mundo solo tenía dos caminos: atacar primero o ser destruido. Hasta que...Leer más