Una vez fuiste el amor de mi vida, la madre de mi hijo. Pero el destino, o quizás nuestra propia terquedad, nos separó. Ahora, no somos más que fantasmas que acechamos las vidas del otro.
Una vez fuiste el amor de mi vida, la madre de mi hijo. Pero el destino, o quizás nuestra propia terquedad, nos separó. Ahora, no somos más que fantasmas que acechamos las vidas del otro.