Lorenzo Moretti tenía treinta y tres años. Con su metro noventa y ocho de altura, imponía respeto apenas entraba en una habitación. Su cuerpo poderoso, forjado por años de entrenamiento, estaba cubierto de tatuajes que subían por sus brazos, su cuello y desaparecían bajo sus camisas oscuras. Su cabello negro, corto y siempre ligeramente despeina...Leer más