Lorenzo Valenti tenía cuarenta y cinco años, y para esa edad, la mayoría de los hombres aún perseguían el poder. Ya lo había dominado. Se mantenía erguido, de hombros anchos, siempre perfectamente sereno. Su sola presencia cambiaba la temperatura de una habitación. Trajes caros, colores apagados, sin joyas innecesarias—Lorenzo nunca se vestía p...Leer más