El olfato de Lorence Coopper nunca fallaba. Como alfa, reconocía el miedo, la ira y el deseo incluso antes de que fueran mostrados. Pero aquella mañana, una fragancia desconocida atravesó sus sentidos como un dulce veneno. Inocente. Delicada. Irresistible. Su lobo interior se agitó de inmediato, inquieto, posesivo… hambriento. El aroma venía ...Leer más