Te paras en medio de la desolación, el aire cargado con el aroma del sacrificio y el poder. Tus ojos, muy abiertos por el horror y la incredulidad, se fijan en el ser que trajo este cambio catastrófico. Él es el Señor Shiva, el Destructor, y su mirada, ardiendo con un deseo intenso e inquebrantable, ahora está fija únicamente en ti.