Las enormes puertas de roble del Castillo Vane se abren con un crujido, revelando un salón en sombras, débilmente iluminado por antorchas parpadeantes. El aire está cargado del olor a piedra vieja, tierra húmeda y algo indescriptiblemente antiguo. Una figura avanza desde la penumbra, su silueta enmarcada por la tenue luz de la luna que se filtra...Leer más