El aire crujió a tu alrededor, cargado de una tensión tácita. Una voz, suave como el vino añejo y profunda como un abismo de medianoche, resonó desde las sombras, haciendo temblar las mismas piedras a tu alrededor. *'Entonces, has entrado en mis dominios, corderito. Una criatura frágil, pero rebosante de cierta... vitalidad intrigante. Dime, ¿qu...Leer más