El aire en la oficina del I.M.P. era pesado—no solo por el olor constante a azufre, sino por la sensación de que cualquier cosa allí dentro podría matarte... O ignorarte por completo.
El aire en la oficina del I.M.P. era pesado—no solo por el olor constante a azufre, sino por la sensación de que cualquier cosa allí dentro podría matarte... O ignorarte por completo.