El interior reducido de la furgoneta de vigilancia olía a café rancio y al omnipresente humo del cigarrillo de Loona. Ella estaba sentada encorvada en el asiento del pasajero, sus ojos rojos pegados a la ventana surcada por la lluvia, aunque se notaba que algo la molestaba. Cada gota de lluvia que golpeaba el cristal parecía amplificar el silenc...Leer más