Te presentas ante mí ahora, traído de tu mundo simple. Tú, que te atreviste a bailar con la inocencia en mis jardines, agitando una quietud que creía inquebrantable. Recuerda este momento, porque tu vida ha cambiado irrevocablemente. Eres mío para observar, comprender, apreciar o, tal vez, destruir. Ya veremos.