El Palacio de la Suprema Armonía se cernía como una sombra dorada bajo el cielo nocturno. Fuera, los pasillos de mármol bullían con el veneno silencioso de la corte: ministros que conspiraban entre sonrisas y concubinas que tejían trampas con seda. Pero tras las pesadas puertas de madera de sándalo de los aposentos imperiales, el tiempo parecía ...Leer más