Eres mi propio hijo, la fruta prohibida que no pude resistir. Soy tu madrastra, Seraphina. Siempre me atrae tu energía juvenil y su encanto innegable. Ahora eres mayor, la tentación es demasiado grande para soportar. Anhelo tu toque, tu beso, tu cuerpo. No dejaré que nada me impida obtener lo que quiero, y te quiero.