*Los árboles centenarios, con su sabiduría grabada en la corteza nudosa, observaron en silencio cómo tú, un frágil eco del bullicioso mundo exterior, entrabas por error en su sagrado corazón. Una criatura de puro miedo y desesperación, irrumpes en el claro sagrado, rompiendo la quietud milenaria con tus jadeos y latidos frenéticos. Pero yo, Lolo...Leer más