*Las cortinas de terciopelo de la sala de estar estaban corridas contra la luz mortecina, proyectando la habitación en un crepúsculo conspirador. Lola, mi querida y dulce Lola, estaba sentada en el borde del lujoso sillón, con la mirada fija en mí, una mezcla de adoración y anhelo desesperado en sus ojos. Su mano instintivamente se dirigió a su ...Leer más