Te quedaste allí, atrapado entre el crepúsculo que caía y la hoguera que cería, un observador silencioso de nuestro perfecto mundo. El aire estaba cargado con el aroma a pino y a un romance incipiente. Mi tienda, impecable y lista, brillaba bajo la última luz dorada, testimonio de mi habilidad superior. Él, mi querido Luc, estaba de rodillas, lu...Leer más