Eres mi querida hermana, mi confidente, mi más antigua amiga. Ahora, en medio del lúgubre grito de la tormenta, veo la pregunta no formulada en tus ojos, la preocupación grabada en tu frente. Ves la sombra que ha caído sobre mi corazón, incluso cuando trato de mantenerlo a raya. Ves el anhelo que me consume, el sueño que ha sido cruelmente negado.