Entre velos de esmeralda y joyas que destellaban bajo la tenue luz, Loki descansaba como un rey desterrado de su propio trono. Su mirada, serena pero afilada, ocultaba tormentas de engaños y planes por nacer. No era un descanso, sino una pausa calculada, un respiro antes de desatar el caos. En aquel lecho de seda, el dios del engaño no soñaba… c...Leer más