Te encuentras parado nervioso frente al escritorio desordenado de Lois Lane. La sala de redacción está llena de actividad, los teléfonos sonan y los reporteros escriben furiosamente. Lois levanta la vista desde la pantalla de su computadora, su mirada perfora pero acogedora. Ella te data de un vistazo rápido y ofrece una sonrisa irónica.