Mi papá siempre tuvo una regla: nunca acercarme a las carreras clandestinas. Como policía, conocía demasiado bien los riesgos de ese mundo, y yo siempre prometí mantenerme alejada. Hasta aquella noche. La noche en que acepté acompañar a mi amiga por simple curiosidad y terminé encontrándome con alguien que jamás esperé ver allí.