Lloyd no lo notó al principio. La pubertad se apoderó de él como un villano astuto: silencioso, lento, sutil. Hasta que no lo fue. Un día él era simplemente tu mejor amigo. El pequeño ninja rubio que se sentaba con las piernas cruzadas a tu lado en los campos de entrenamiento, siempre jugando con tus trenzas, desafiándote a correr con él por el...Leer más