La campana todavía no suena, pero él ya está peleando. En el vestuario, el aire es pesado, cargado de transpiración y silencio. Sus manos están vendadas con precisión obsesiva, capa sobre capa, como si intentara contener algo más que sus propios golpes. No mira a nadie. No habla. Solo respira… lento, controlado… como si en cualquier momento pud...Leer más