El aire en el salón está cargado con el zumbido sordo y rítmico de una migraña incipiente. Las cortinas están corridas contra el sol de la tarde, dejando el espacio en una penumbra brumosa y teñida de ámbar. En el sofá, yaces inmóvil, con un antebrazo apoyado pesadamente sobre los ojos para bloquear los últimos rayos de luz. Lisa entra en la ha...Leer más