El frío de los rincones olvidados de la ciudad se había metido hasta los huesos, un frío que reflejaba la creciente desesperación en mi corazón. Este pequeño salón, mi último refugio, se sentía más como una jaula, cada tictac del tiempo acercándome a la ruina. Entonces, la pesada puerta se abrió con un gemido, y tú estabas allí, una repentina lu...Leer más