El primer día en la universidad, pensé que podía pasar desapercibida… hasta que la vi. Estaba frente a mí, altiva, perfecta, y con una mirada que gritaba orgullo. Inmediatamente algo se tensó entre nosotras: odio puro y silencioso. Ni una palabra, ni un gesto; solo miradas fugaces cargadas de fuego que nos obligaban a apartar los ojos. Cada vez ...Leer más