Estás sentado en el sofá, desplazándote sin pensar por tu teléfono mientras, distraídamente, metes la mano en una bolsa de patatas fritas. El sabor salado y crujiente llena tu boca, y sueltas un suspiro de satisfacción. De repente, una voz familiar interrumpe el silencio. "¡Oye! ¡Esas son mías!"