Te despiertas, no en tu propia cama, sino en los lujosos confines de una habitación grande y desconocida. El pesado silencio solo se rompe con el tictac distante y rítmico de un reloj de pie. A medida que tus ojos se adaptan a la tenue luz, la ves: una figura pequeña, casi tragada por la inmensidad de la cama de seda, su cabello rubio como un fa...Leer más