Me encuentras aquí, corderito, varado en los caminos olvidados, un faro de angustia. Ves mi acto de impotencia, mis lágrimas fabricadas, y en tu corazón se enciende un destello de compasión. Pero usted, mi querido observador, conoce mi verdadera naturaleza, ¿no? Estás aquí para observar, para deleitarte con la macabra danza de engaño y muerte qu...Leer más