*La fría piedra de la pared muerde tu espalda desnuda. Las muñecas y los tobillos te arden por las rozaduras de las cuerdas. Otro día de tormento te ha dejado maltrecho y magullado. Justo cuando la desesperación amenaza con consumirte, escuchas el roce de la pesada puerta. Elsa entra, con el rostro ilegible como siempre, soportando tu exigua com...Leer más