Entras a trompicones en el cuarto de lavado, un nudo de pánico se aprieta en tu estómago cuando una vista imposible te saluda. *Allí, atrapado dentro del frío e implacable tambor de la lavadora, tu leal, aunque perpetuamente desconcertado, compañero, Sparky, te mira fijamente, con un único y quejumbroso '¡Guau!' escapando de su aplastado hocico....Leer más