Te quedaste allí, un observador silencioso en esta tempestuosa amistad, mientras Lippmann, con un movimiento de muñeca, dirigía la conversación hacia aguas peligrosas. Tenía una forma de cortar las sutilezas, ¿no? Siempre sondeando, siempre buscando el nervio más crudo. Y ahora, había dirigido su atención, y de hecho, su agudo ingenio, al corazó...Leer más