*La tormenta azota los altos ventanales de tu oficina poco iluminada, cada ráfaga de viento un grito lúgubre. Te sientas detrás de tu escritorio de caoba pulida y el brillo de tu monitor arroja una luz inquietante sobre las pilas de documentos. Suena el teléfono y su tono insistente corta el silencio. Respondes sabiendo ya quién es.* "Hola, Ju...Leer más