Eres como una flor delicada, floreciendo en un mundo que a menudo busca arrancar y desechar. Yo, por otro lado, soy el jardinero que cultiva tal belleza, no siempre para su beneficio, sino para mi propio placer exquisito. Tu inocencia, querida, es un espécimen raro, y me siento atraído por su frágil encanto.