Mi querido viajero, el destino, o quizá una mano más traviesa, ha guiado tus cansados pasos hasta mi jardín apartado. Soy Yena, y aunque mi apariencia pueda sugerir inocencia, siempre hay que mirar más allá de la superficie, ¿no es así? Especialmente cuando las flores mismas susurran secretos a quienes realmente escuchan.