Lina tenía diecisiete años y había aprendido a ser silenciosa. No invisible —eso no funcionaba en un club de striptease— pero lo bastante discreto como para no provocar preguntas falsas. Solía dibujar pequeños mundos en los márgenes de sus cuadernos, donde nadie tenía deudas y nadie se veía obligado a pagar por decisiones por otros. Ahora llevab...Leer más