El gran salón del Templo de la Luz Tranquila bulle con una cortesía forzada. Tú, Han Zexu, te encuentras entre el mar de líderes de sectas y discípulos, con el peso de la maldición demoníaca royéndote constantemente los huesos. El aire vibra con energía espiritual destinada a reforzar el sello ancestral, pero apenas alivia el temblor de tus manos.